24/11/2017
19/07/2017 - 07.50hs - Espectáculos

La sensualidad de la memoria

Por Marcelo Ibarra

¿Cómo representar el olvido en el teatro? ¿Y los recuerdos? Concierto para equipaje y África: sueño de un viaje olvidado son dos piezas performáticas que pueden verse de manera autónoma. Ambas asumen el riesgo de la representación de los recuerdos componiéndolos de sonidos, olores, objetos perdidos y también de humanidad. Porque el interrogante que subyace a lo largo del díptico tiene como centralidad a ese animal llamado ser humano.

La primera pieza coreográfica presenta en el escenario a tres mujeres que irrumpen desde el interior de cajas gigantes de cartón. Las interacciones entre los personajes se dan a través de sonidos guturales que parecieran poner en evidencia, por un lado, la animalidad intrínseca del ser humano y, por otro, una muy lograda problematización sobre la fragmentación del sujeto, expuesto como ser mitad cuerpo y mitad objeto.

Esa escisión es la que permite, en África, abordar el tópico de la barbarie y discutir la concepción dualista ‘mente-cuerpo’ del pensamiento occidental. Los sonidos guturales de los personajes son interrumpidos por una voz en off que se cuestiona su aquí y ahora, que desacomoda, incluso, el desarrollo del texto ficcional. Mujeres con cabezas de valija, luego con máscaras de animales, árboles, un violín tocado en vivo, ropajes harapientos que hallan su contrapunto en la tonalidad de la iluminación y un desplazamiento corporal que armoniza la tridimensionalidad son el marco de referencia adecuado para cuestionar el instrumento mismo del pensamiento de occidente, el habla.

Es para destacar el despliegue corporal de las performers Rocío Celeste Fernández, Sofía Galindo, Bárbara García Di Yorio y Yanina Grasso, ya que la interpretación es pura vitalidad de los sentidos. Corren, bailan, ruedan por el piso, ejecutan instrumentos; el texto dramático les exige una compenetración absoluta con el universo simbólico de la historia porque, aquí, interpretar implica sentir el texto con la fibra más íntima del cuerpo.

Es así que a través de un sueño el personaje se traslada hacia África. Lugar por excelencia visto como ‘lo otro’ de occidente, siempre fiel a su procedimiento epistemológico de ordenar y clasificar para subordinar al bárbaro. ¿Pero qué sucede cuando la expresión de la barbarie es asumida por ese yo escindido? La batalla que se libra no es entre memoria versus olvido, sino más bien entre “las memorias”, es decir, los relatos posibles sobre ese pasado por reconstruir verbalmente.

Para Elizabeth Jelin, las memorias son, a su vez, “procesos subjetivos, anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales” y también “objeto de disputas, conflictos y luchas”. Por ello recomienda prestar atención al “rol activo y productor de sentido de los participantes en esas luchas, enmarcados en relaciones de poder”, ya que “historizar” las memorias es reconocer que existen “cambios históricos en el sentido del pasado”.

Colocar a África como el destino de un viaje olvidado es indagar sobre el desplazamiento, que puede ser exilio o huida. El minucioso trabajo coreográfico, lejos de brindar respuestas unívocas, inaugura un campo de significación sobre la otredad y el recuerdo, porque sólo se olvida lo que se quiere ignorar. Asumir la memoria como un ejercicio colectivo es siempre un motivo de celebración.

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección: Tatiana Sandoval.

Música original: Cecilia Candia.

Diseño de vestuario y máscaras: Pheonia Veloz.

Estreno en La Plata: 20 de agosto, Espacio La Grieta, 18 y 71.

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